domingo, 4 de diciembre de 2011

COCHINILLO ASADO AL MODO TRADICIONAL


Tenemos las Navidades en puertas y estamos todos pensando en qué vamos a poner en la mesa, ya sea como plato principal, como entrante o como postre. Sin ser pretenciosa he querido empezar a poner en el blog algunas recetas que nos puedan servir para estas fechas.
En esta "primera entrega" les traigo un cochinillo asado de forma tradicional. Es un plato que queda muy lucido y es muy sencillo de hacer. 

Está, como todo lo que subo al blog, hecho en el horno de casa que es un aparato normal, incluso tirando a malillo por lo viejito que está , pero... es de la casa y con él tenemos que cocinar. 
Les digo esto para que no piensen que está asado en un horno especial, supermoderno o superantiguo. 

Así que preparar este asado está al alcance de todo el mundo, solamente tienen que seguir los pasos.



Ingredientes:

1 cochinillo=6 personas / 1/2 cochinillo=3 personas



Cochinillo
Manteca de cerdo (un poco derretida en el micro)
Sal gorda
Sal fina
Agua




Preparación:

A tener en cuenta:
  • El cochinillo, si es entero, deberá estar abierto como un libro o partido en dos a lo largo. 
  • Tenemos que contar con tres horas para tener el cochinillo listo en la mesa, contando con la preparación previa.

Preparando el horno:

Precalentamos el horno durante al menos 15 minutos al máximo (220º-250º) y cuando metamos el cochinillo lo bajaremos a la temperatura adecuada, que será de unos 170º.

Esto lo hacemos porque si precalentamos a la temperatura que vamos a cocinar al meter la pieza de carne baja mucho y lo que nos interesa es un golpe de calor que empiece sellando la carne.

El recipiente:

Cogemos una bandeja para horno y le ponemos un barro boca abajo untado en manteca.

Esto es para que no tenga contacto el cochinillo con los jugos que irá soltando y así nos quede crujiente.

El cochinillo:

Primer paso: Se unta el animalito, por las dos caras, en manteca con una brocha y protegeremos las orejas y el rabillo con papel de aluminio para que no se nos chamusquen. 


Untando la parte de la piel
Con su oreja y su rabito protegidos











Colocamos el cochinillo boca arriba (que veamos las costillas) en el recipiente que hemos preparado y se le pone sal gorda. Lo llevamos al horno poniéndolo a una altura media y en la parte más baja del horno ponemos un cacharro de barro (o de lo que sea que pueda ir al horno) con agua para que nos mantenga una humedad adecuada en el horno.
 
Seguimos untando...
Y lo salamos











 Bajamos el horno a 170º y lo dejamos durante 90 minutos.

Dentro del horno con su cacharro de agua debajo

Segundo paso: Pasado este tiempo lo sacamos, le damos la vuelta, pinchamos toda la piel del cochinillo con una brocheta y le ponemos sal fina. Lo devolvemos al horno a la misma temperatura (170º) durante 30 minutos más.


Así se queda pasados los 90 minutos. Aunque les parezca que está "muy blanquito" no se preocupen que, aun dado la vuelta, seguirá tostándose.

 Aquí les dejo un vídeo con el "pinchado" de la piel y el salado del cochinillo. 


video


Tercer paso: Sacamos de nuevo el cochinillo, le ponemos más manteca, subimos la temperatura del horno a 220º y lo dejamos hasta que la piel esté dorada y crujiente.

Aquí está sin dorar aún la piel
Sabemos que está en su punto de crujiente si golpeamos la piel con el dorso de una cuchara y la sentimos dura. Hace un ruido característico.

Nosotros, en este caso, le hemos puesto de guarnición unas papas panaderas clásicas: papas en rodajas, 3 dientes de ajo con cáscara y una cortadita, cebolla, pimiento verde, pimiento rojo. Bien pochado todo a fuego muy lento y al final con un toque de tomillo limón y un chorrito de vino blanco.

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No hay foto del cochinillo entero al final del asado porque se malogró, pero aquí tenemos un par de raciones en las que podemos ver que la piel nos ha quedado perfectamente dorada y crujiente. Antes de servirlo le quitamos las "protecciones" en la oreja y el rabillo, que quedaron también estupendos.

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Todo lo que utilizamos en las papas panadera fue comprado en Elvas -salvo el vino- un pueblo de Portugal, muy cerquita de Badajoz, que tuvimos el placer de visitar la semana pasada; nos metimos en el mercado e hicimos la compra de la semana en el puesto de un viejillo de campo amable y amoroso, ni que decirles que nos salió baratísima y con una calidad de producto increíble.





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